(De 127 millones de años viajamos al 1951)

Por encima de los estratos geológicos en los que se sitúan estas huellas de carnívoro, se asientan los crestones de la imponente naturaleza que se refleja en nuestras miradas; un mar cretácico de hace 120 millones de años.

Del mismo modo se reflejaba el mar en los ojos de Santiago, un hombre con un cuerpo viejo pero con un espíritu joven. Un viejo con los ojos como el mar, azules, fuertes y de espíritu indomable.

El viejo y el marde Ernest Hemingway

Todo en él era viejo, excepto sus ojos y tenían el mismo color que el mar, eran alegres e invictos”.