WEDNESDAY 26 JANUARY 2022

 

Parada 10

(De 125 millones de años viajamos al 1990)

Ante el Tastavinsaurus que descansó en la sierra que adorna este precioso lugar, qué mejor broche final para este Dinopaseo literario, que un párrafo de la obra escrita por Michel Crichton, Parque Jurásico.

Una reflexión perfecta que salta del libro a la vida real de muchas personas que viven y luchan día a día por el futuro de lugares cada vez más olvidados, aún siendo valiosos y bellos.

Hacerlo resultaba difícil, costoso y era improbable que funcionara. Pero era posible, si alguien tenía interés en intentarlo”.

Parada 9

(De 127 millones de años viajamos al 1951)

Por encima de los estratos geológicos en los que se sitúan estas huellas de carnívoro, se asientan los crestones de la imponente naturaleza que se refleja en nuestras miradas; un mar cretácico de hace 120 millones de años.

Del mismo modo se reflejaba el mar en los ojos de Santiago, un hombre con un cuerpo viejo pero con un espíritu joven. Un viejo con los ojos como el mar, azules, fuertes y de espíritu indomable.

El viejo y el marde Ernest Hemingway

Todo en él era viejo, excepto sus ojos y tenían el mismo color que el mar, eran alegres e invictos”.

Parada 7

(De 127 millones de años viajamos al 2009)

A veces me olvido de que la gente ve los fósiles como los huesos de los muertos. De hecho, es lo que son, pero suelo contemplarlos más bien como obras de arte que nos recuerdan cómo era el mundo en otra época”.

Así quedan impresas las palabras de Mary Anning en el libro

Las huellas de la vida de Tracy Chevalier.

Mary Anning era una mujer inglesa muy pobre que para sobrevivir recolectaba fósiles en la playa de su pueblo con el fin de venderlos posteriormente.

Una mujer que convirtió la supervivencia en su pasión y que por su clase social y sexo, quedó en la parte anónima de la historia durante mucho tiempo.

Sus importantes hallazgos llegaron a cambiar a principios del S. XIX, cuando la ciencia se encontraba irremediablemente unida a la religión, la manera de entender la vida prehistórica y la historia de la Tierra.

Curiosamente esta huella fósil ornitópoda también se encuentra unida irremediablemente a la religión, siendo imprescindible para poder observarla pararse frente a la Iglesia barroca de San Miguel del S. XVIII.

Parada 8

(De 127 millones de años viajamos al 1980)

Nos encontramos ante una gran huella saurópoda. Grande como el corazón de la poeta

-no hay que llamarla poetisa porque no le gustaba-, a la que está dedicada esta dinoparada literaria. Unida a ella se presenta otra huella pequeña del fuerte anquilosaurio. Pequeña y fuerte, como los niños a los que dedicó gran parte de su vida.

Una mujer que dijo:

“Los niños que leen poesía se aficionarán a la belleza del lenguaje y seguirán leyendo poesía toda su vida”.

“Es importante que los niños lean poesía.

Y es más que importante, es necesario”.

Gloria Fuertes, una figura literaria de primer orden del S. XX que en su poesía reflejó todo lo que ella era.

En los siguientes versos nos cuenta que siempre se puede hacer algo, hasta cuando creemos que no queda nada.

Y Gloria Fuertes con su voz ronca dijo así:

Con un cero

Con todo se puede hacer algo.

Hasta con un cero

-que parece que no vale nada-:

se puede hacer la Tierra,

una rueda,

una manzana,

una luna,

una sandía,

una avellana.

Con dos ceros

se pueden hacer unas gafas.

Con tres ceros,

se puede escribir:

yo os quiero”.

El libro loco. De todo un poco.

Parada 5

(De 145 millones de años viajamos al año 2011)

Los ornitópodos eran seres gregarios. Su fuerza radicaba en la manada, en la familia.

A pesar de todos los defectos, desavenencias, diferencias de caracteres y problemas, existe una familia muy similar a cualquier otra, que habita en la novela

El tiempo que nos une de Alejandro Palomas.

Para sus integrantes su fuerza principal es estar juntas, o más bien, sentirse juntas.

Y dice así:

Bajamos las cinco cogidas del brazo por el camino de roca que desciende en curva hasta el embarcadero, donde La Aurora y Jacinto nos esperan como dos perros viejos, cada una a lo suyo, en silencio, respirando juntas aunque no a la vez. Solas no. Quizá un poco más vivas”.

Parada 6

(De 145 millones de años viajamos a 1936)

La gacela no es sólo un bello animal, sino también un poema corto de versos pareados de origen árabe, cuyo tema principal es el amor.

El dibujo de un tulipán que enmarca la icnita “Deltapodus ibéricus”, evoca la

Gacela del recuerdo del amor, perteneciente al poemario “El diván de Tamarit”, escrito por el poeta y dramaturgo español Federico García Lorca como homenaje a los poetas árabes de Granada. Lorca dio cabida al amor en plena Guerra Civil.

He aquí un fragmento de esta preciosa gacela:

“…Algunas veces el viento

es un tulipán de miedo,

es un tulipán enfermo,

la madrugada de invierno…”.